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El niño, el burro y el anciano

Cuentan que un día se hallaban un niño, un burro y un anciano transitando por un angosto camino en dirección a un pequeño pueblo. El anciano caminaba delante sujetando el arnés del animal mientras el niño iba sentado a lomos de éste. Al cabo de un rato, se cruzaron con dos personas, que iban en dirección contraria, las cuales murmuraron:

- ¡Mira qué desfachatez!, el niño sentado sobre el burro y el pobre anciano caminando...

El anciano y el niño oyeron los comentarios y decidieron cambiar sus posiciones. Desde ahora el anciano iría sentado a lomos del burro mientras el niño caminaría delante sujetando el arnés.

Transcurrido un tiempo, se cruzaron con otras personas, las cuales se dirigieron al anciano con voz despectiva diciendo:

- ¿No le da vergüenza que el niño vaya andando mientras usted viaja cómodamente sentado?.

Tras escuchar los gritos de la gente, el anciano decidió que el niño iría sentado detrás de él y, de este modo, ambos irían a lomos del burro.

Siguieron caminando en dirección al pueblo cuando pasó ante ellos un hombre defensor de los animales el cual exclamó:

-¡Pobre animal!. ¡Qué poca consideración tienen ustedes haciéndole soportar tanto peso! Mejor sería que usted, dijo señalando al anciano, que pesa más, fuera andando.

Así, cuando se alejó esa persona, decidieron bajarse los dos y caminar ambos delante del burro.

Cuando ya divisaban a lo lejos las primeras casas del pueblo, se encontraron esta vez con dos mujeres, quienes dijeron con sorna y tono burlesco:

-¡Serán necios!, ¡mira que ir andando cuando uno de los dos podría ir a lomos del burro!...

Esta es una historia inventada, como habrás podido intuir; sin embargo, nos sirve para darnos cuenta de una gran Verdad:

¡No se puede contentar a todo el mundo! Siempre habrá alguien en desacuerdo, hagas lo que hagas y siendo así; ¿no sería mejor seguir tu propio criterio y no hacer caso de críticas y murmuraciones?

Si sigues el camino de los demás te convertirás en un pálido reflejo de la luz ajena. No, ese no es tu destino. Tú puedes brillar con luz propia. No te dejes manipular por nadie. No malgastes tu preciosa energía en agradar a los otros. Sigue los dictados de tu propio corazón, aunque haya alguien que te califique de “loco”.

Tienes derecho a ser diferente y a manifestar tu unicidad. No intentes ser una burda copia de alguien. Intenta llegar a ser el mejor “tú” que puedas. Al fin y al cabo, sólo si permites que tu corazón marque el camino encontrarás a alguien que lo haga palpitar.

Te animo, pues, a descubrir cuál es el tuyo, si es que no lo has descubierto ya. Tu camino está trazado pero aún es virgen porque espera a que tú lo transites. Nadie más puede hacerlo.

Sólo así se abrirá ante ti un camino de plenitud y podrás cumplir con tu propósito en esta vida.

Antonio de Fuertes Bauzá.

 

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