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La puerta a un divino universo...

 






 


La Creación

Podemos estar seguros que no existe ambigüedad ni contradicción entre lo que la ciencia y la Fe nos plantean como cierto y ocurrido en tiempos de la Creación, cuando poderes inimaginables se desataron para hacer realidad todo lo que hoy existe y de lo cual aun poco conocemos. Para acercarnos a la verdad, debemos ser realistas y buscar las señales que Dios nos da hoy, que hemos crecido y miramos su obra con ojos maduros.

Hoy la ciencia nos asegura con razón, que el universo tiene un inimaginable tamaño, unos 15 mil millones de años luz de diámetro, pero la Fe nos enseña que esta inmensidad flota en la palma poderosa del Dios Creador. También hoy sabemos que el universo se originó con la gran explosión primigenia que esparció materia y energía en la basta inmensidad de la nada absoluta, pero la Fe nos enseña que esto ocurrió cuando el infinito poder creador de Dios escapó de sus manos prodigiosas.

Durante la Creación, el poder de Dios se manifestó con tres prodigios de magnificencia y misterio crecientes. Durante el primer prodigio, su poder creó la materia y la energía desde la nada absoluta, llenando los infinitos vacíos del universo con materia y energía en continua expansión y en proporciones inimaginables. Durante el segundo prodigio, desde la materia y la energía su poder creó el milagro de la vida en infinidad de variedades, formas y lugares.

Durante el tercer y más trascendente prodigio, ciertas manifestaciones de vida cuidadosamente elegidas fueron preparadas para recibir los dones divinos de la razón y el alma, emprendiendo a partir de ese momento, el largo y difícil camino hacia el glorioso destino que les reservaba el Padre Altísimo.

Cada uno de estos prodigios ocurre en los tiempos y lugares en los que Dios y su mano derecha, la Naturaleza, van gestando sus maravillas con la paciencia y dedicación de amantísimos padres. De estas maravillas, nuestra querida tierra fue colmada para nuestro regocijo y libre crecimiento.

Aunque aquí generosos, estos prodigios se han manifestado en forma sutil y dosificada, de modo que su presencia, tan variada y rica, no fuera sin embargo algo común. Nuestra querida tierra es un lugar donde la Naturaleza ha alcanzado una alta riqueza y variedad en sus manifestaciones. Un verdadero paraíso creado para nuestro regocijo y gratitud, un hogar preparado mas que apto para nuestra libre evolución intelectual y crecimiento espiritual. Un mundo en el cual somos reyes, dominándolo y compartiéndolo con otras criaturas de Dios que no han sido bendecidas con los divinos dones de la razón y el alma.

La manifestación tan peculiar de estos tres prodigios se evidencia en el vasto espacio que rodea nuestra querida tierra, donde la materia esta tan desperdigada que es muy poco probable toparse con ella. Mucho menos probable, en proporción geométrica es encontrar materia con vida y mucho menos probable todavía es encontrar vida que haya sido bendecida con los dones de la razón y el alma.

Pero lo cierto es que la hay, en lugares tan especiales como recónditos, Dios ha querido que ese milagro se complete, siendo nuestra maravillosa tierra sólo uno de ellos. En esos otros lugares habitan nuestros hermanos de las estrellas, hijos también del Creador. Algunos como nosotros, recorren el mismo difícil camino hacia la revelación definitiva y otros, nuestros Hermanos Mayores, ya conocen la presencia plena de Dios, y colaboran con Él en la concreción de su Divino Plan.
Dejando Dios que su mano derecha la Naturaleza, evolucione libremente dentro de las condiciones óptimas que Él ha prodigado en sus sitios elegidos, permite que las distintas manifestaciones de vida y vida con razón y alma evolucionan en tiempos y características distintas. Cuidando de cerca el crecimiento material y espiritual de sus criaturas elegidas, entre las cuales estamos nosotros, Dios se prodiga con tres trascendentes revelaciones.

La primera revelación ocurre cuando comenzamos a convertimos en dignos del divino privilegio de ser sus hijos y no solo criaturas de su Creación. Esto ocurre cuando empezamos a distinguirnos entre las demás especies hermanas con una tenue luz de humanidad y razón, y comenzamos a tomar conciencia de lo bueno y lo malo. A medida que estos dones se afirman, vamos recibiendo el preciado regalo del alma que nos llega directamente del espíritu del Altísimo.

La segunda revelación ocurre cuando los espíritus divinos de los ungidos y profetas de Dios bajan y se encarnan en esta tierra, entre los cuales esta el propio Hijo del Hombre. Ellos, Justos de todas las creencias, cargan con la difícil misión de enseñar y afirmar con sus palabras y ejemplo de vida, el camino de la única verdad que podemos recorrer para alcanzar nuestro glorioso destino junto al Padre Altísimo.

Por eso la Palabra de Dios encarnada en ellos ó Verbo nos dice: " Soy el camino, la verdad y la vida. El principio y el fin. El alfa y el omega. Solo se Es a través de mí "

La tercera revelación ocurre cuando nuestra raza humana o alguna de nuestras razas hermanas en las estrellas que ha seguido el Camino, alcanza la sabiduría y madurez espiritual necesarias para ser digna del directo conocimiento de Dios, su Creación y su Divino Plan. Cuando esto ocurra, Dios, sus Jerarquías Celestiales y nuestros Hermanos Mayores tomarán contacto directo con nosotros y nos recibirán con gran alegría en la gloriosa fraternidad que goza del Dios revelado.

"Déjame agradecer este camino que me das milagro de nacer cada mañana al despertar Y poder elegir, equivocarme y cambiar Para llegar a ti, me has dado tanta libertad. Déjame agradecer por todo lo que no sé y por dar a mi alma tanta esperanza y tanta fe"

Dios está entre nosotros

Jorge Alberto Dini
Mar del Plata - Argentina

 

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