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Mensaje de la Semana

 

Los colores del trabajo

El trabajar todos los días es algo necesario no sólo para el mantenimiento de nuestra existencia, sino también para el crecimiento y evolución como seres humanos concientes de sí mismos y que solo lo logramos mediante la relación con otros. 

No es posible evolucionar solos, evadiendonos del mundo, recluyéndonos en una cueva de montaña durante el resto de nuestras vidas. Si bien esto es algo que han hecho los ascetas y ermitaños; y quienes abordan la espiritualidad con el solo fin de desterrarse para entrar plenamente de nuevo al estado del no-ser, no significa que sea el camino correcto para todo el mundo. Esa es una decisión particular, no pasible de convertirse en universal, pues el universo no hace eso. 

Trabajar en nuestro mundo cotidiano es una tarea que en muchas oportunidades además del cansancio, nos deja un sabor amargo, y son esas cosas que nos amargan los días y en ocasiones tiempos más largos. Tal vez porque no trabajamos en lo que deseamos, tal vez porque la tarea no tiene nada de gratificante, o porque la retribución no es la que merecemos. Sea como sea, en incontables ocasiones vemos que el trabajo es solo una suma de responsabilidades, amarguras y mal humor. 

Esto no es lo que debería ser, pues el trabajo es una actividad que desarrollamos a partir de lo que sabemos hacer y en toda actividad que desarrollamos siempre debería haber un punto, un espacio, un tiempo, que por pequeño que sea debería reportarnos un placer más allá de las ganancias, un placer que nos afirme como seres vivos que florecen, se reproducen y mueren en el natural mundo después de la palabra. 

Es importante hacer de nuestra vocación nuestra profesión, ese será un trabajo que nos dignificará, pues estamos entregando lo mejor que tenemos, o sea nuestra mas valiosa capacidad como seres creativos, pero cuando esto no es posible, cuando se tiene un trabajo al que solo se va por un lógico interés económico necesario para la subsistencia, entonces cualquier persona que trabaja necesita tener un punto, un espacio, un tiempo durante sus horas de trabajo que le reporte un placer, pues de lo contrario, no habrá trabajo, no habrá creatividad, nadie entregará lo mejor que tiene para el objetivo laboral y todo se convierte en una rutina mortal. Algo que no beneficia ni al que da trabajo ni al que lo lleva a cabo.

El trabajar todos los días es algo necesario no sólo para el mantenimiento de nuestra existencia, sino también para el crecimiento y evolución como seres humanos concientes de sí mismos y que solo lo logramos mediante la relación con los otros, y si las relaciones con un otro no tienen algo por el cual sea placentero tenerla, entonces lo mejor será cambiar por otra actividad que realmente nos haga crecer y tener por lo menos un tiempo de felicidad en pequeñas cuotas que sumadas le dan un color distinto a nuestras tareas cotidianas y a nuestra vida entera. ¿No te parece?

© Miguel Angel Arce 
     
marc@angelred.com


 


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