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Ante una pérdida


Cuando se produce la desaparición de un ser al que hemos amado tanto, nos encontramos desorientados, en una situación extraña, como si pisáramos una tierra sin sentido. Todo puede cambiar en un momento, aun en los casos en que una enfermedad haya ido haciendo su trabajo en esa persona a través del tiempo y lo supiéramos de antemano, más aún en aquellos casos en que el hilo de la vida se interrumpe drásticamente o accidentalmente. Todo pierde sentido en un instante. Nos enfrentamos de pronto a una realidad en la que estamos solos, desnudos en el alma e impotentes para modificar.

Sabemos en un instante lo insignificante de todo cuando nos quedamos sin su mirada, sin sus sonrisas. Ya no está como antes... y sufrimos. Sufrimos mucho ante la desaparición de alguien importante en el corazón. Quedarse mirando el vacío, o simplemente una lágrima vidriando los ojos, la tristeza nos invade y un dolor sin localización pulsa en alguna parte de nuestro interior.

Sucede que todos tenemos un aura, un campo de energía que forma parte del cuerpo pero que sufre desprendimientos constantemente. Al crecer, al tener nuevas experiencias, al sobreponernos a un dolor, al comenzar algo nuevo y diferente. Es un campo dinámico que envuelve el cuerpo físico y cambia constantemente con pulsaciones cromáticas. Cuando tenemos relaciones muy estrechas afectivas, este campo crea lazos muy sutiles y vibrantes hacia las otras personas y somos correspondidos, esos lazos tambien se extienden desde las otras personas hacia nosotros. Es así como creamos relaciones de empatía con mucha gente, más aún entre los parientes. Son los lazos invisibles de los que se habla, pero que tienen una realidad concreta en niveles sutiles de energía.

Cuando se produce un alejamiento, una ruptura sentimental, la pérdida de alguien a quien amamos, esos lazos se rompen, literalmente, se desprenden desde el punto en el que estaban amarrados hacia la otra persona, entonces sentimos una sensación de vacío en el estómago, un dolor inexplicable en zonas como el corazón, y una pesadez en todo el cuerpo. Sucede que esos lazos, flotan en el aire y buscan la forma de amarrarse nuevamente hacia quien estaban antes, si la persona se ha alejado, o nos ha dejado y no quiere volver a hablar con nosotros, esas fibras áuricas se mueven rápido produciendo una especie de desasosiego y tomamos conciencia de nuestros vanos intentos. Poco a poco, esas fibras van retrayéndose, es como si el mismo campo áurico los reabsorbiera y volvieran a formar parte de un todo que es nuestra personalidad. así, vamos superando los cambios al nivel del aura.

¿Pero qué pasa cuando perdemos a un ser querido que ha partido de este mundo? Aquí es un poco mas doloroso, pues esas fibras de energía que han quedado cortadas, buscan incesantemente volver a tomar contacto con la persona a la que estaban enlazadas, y como no hay una explicación se producen tirones que se traducen en falta de sueño, nerviosismos, llanto, tristeza y al caminar se observan como están desplegadas al nivel del piso, la persona camina como abatida, cansada, con solo verla nos damos cuenta de su dolor. Sucede que esas fibras energéticas quedan sin sostén y caen como racimos, entonces es cuando se siente ese peso y ese abatimiento. Si pasa que observamos objetos que hayan pertenecido a quien ya no está, los lazos vuelven a extenderse hacia el mismo como intentando hacer contacto con el ser querido, pero... nuestra razón nos vuelve a una realidad nuevamente, allí otra vez la tristeza...

Muchas son la formas de reaccionar ante una situación dolorosa, en cada individuo hay una forma particular de reacción ante situaciones similares, pero en casi todos se produce lo mismo: se rompen lazos de energía que transmitían un flujo de amor entre ellos. Algunas personas tratan de no evidenciar su tristeza y al contrario tratan de mostrar una superación a través de una fachada de alegría. Otros, lloran sinceramente con mucha pena en su interior. Como dije antes, cada quien se manifiesta de diferentes formas, pero es bueno llorar. Descargar toda su emoción ante una pérdida, es ablandar todo nuestro ser interno para que fluya esa tristeza y no quede como un sector endurecido que con el tiempo no nos hará muy bien.

Llorar. Sentir. Mostrar el dolor. Eso es el duelo. Y por qué negarlo, sufrimos por un motivo que nos hace infelices, entonces la persona debe tomarse el tiempo necesario para readaptarse a una nueva situación, el tiempo del llanto y tambien el tiempo del restablecimiento. Somos seres hechos de pensamientos y emociones... tan duros para tantas cosas y tan frágiles ante lo irremediable.

 

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